Voy con mis hermanas Lucy y Elsa. Andamos sin carro y
entramos en una tienda de segunda de la colonia Libertad. La tienda es bonita,
podría pasar como tienda de ropa nueva. Los estantes, todo está muy bien
acomodado. Empiezo a reconocer alguna ropa mía ahí colgada; concretamente una
falda. La falda es azul marino con unos detalles pequeños como rojitos. Tiene
un vuelo al final muy bonito. La falda es un poco grande (de talla), pero está
en buen estado. Le digo a Elsa, mira esta falda, era mía antes y ahora está en
esta tienda de segunda. Y mi hermana me hace notar que también otras cosas que
eran nuestras antes están ahí colgadas (bolsas y otras cosas que no me quedan
claras ahora). Todo está en buen estado pero es antiguo y pasado de moda. En
colores oscuros. En algún momento pienso que podría comprar la ropa, porque
llevo dinero pero también porque me gusta, todavía me gusta esa ropa a pesar de
que sea vieja y usada, sé que sigue siendo mi estilo, aunque sea viejo. Volteo
hacia otros lados y veo ropas nuevas, de colores brillantes, pero de alguna
manera no me gusta su estilo. Al final no compro nada.
Enseguida mi hermana Elsa me dice: ve este libro,
aquí aparecemos nosotras. Voy a ver un libro que está en exhibición, y en el
libro veo una foto de mi papá, y después aparezco yo en el libro. Me sorprende,
porque cada vez que alguna de las tres hojea el libro, aparece ahí su cara, como si se tratara de un espejo.
Queremos comprar el libro pero la empleada nos explica que la ilusión es falsa,
que hay un mecanismo extraño (y difícil de explicar) por medio del cual cada
persona que toma el libro se ve reflejada ahí.
Escritura, literatura y vida
Hace poco me invitaron a participar en un libro en donde se compilaron testimonios de autores y autoras sobre su experiencia y formación lectora. Gracias al librero y editor Raúl Pérez Rojas, quien me animó a participar (tres días antes del cierre de la convocatoria, así es esto). Acá va el textito que aporté. Escritura, literatura y vida Las mil y una noches es el libro al que le debo mi vocación por la literatura. Creo haber tenido entre seis o siete años cuando, por primera vez, me adentré en sus páginas. El volumen lo consulté en la biblioteca pública Ignacio Zaragoza, muy cercana al conjunto habitacional en donde vivíamos. El recuerdo viene a mi memoria, apenas vago, pero la impresión que guardo de aquella experiencia es muy profunda. Apenas llevaría algunas hojas revisadas cuando una de mis hermanas mayores me llamó para irnos de regreso a casa. Andábamos de paseo rutinario, un poco como niñas salvajes, por las calles del centro de la ciudad, libres de nuestros padres por u...